DECONSTRUIR CREENCIAS

Es la 1:00 pm, estoy con tres queridas amigas, en la plaza de los 50 años del ITESO. Pedimos a Servicios Generales que montaran una mesa en la que colocamos el siguiente letrero: “Libres para no acosar: ¿Has tenido una experiencia de acoso en el ITESO? Ven y compártela”. Junto a nuestra mesa había una mampara con una silueta humana y postits en los que muchas personas habían escrito sus experiencias. Estudiantes, maestr@s y personal, a su paso se quedaban mirándonos y nosotras les invitábamos a compartir un comentario y acercarse a leer lo que otr@s habían compartido antes.

Muchas reacciones interesantes tuve el gusto de presenciar en aquella intervención, mujeres que se acercaban con indignación y preguntaban que si podían escribir otra experiencia y otra más, hombres que decían: “¿Qué si me han acosado?… Ojalá” (no saben lo que dicen, pienso yo), personas cuyos pies no obedecían a su curiosidad de acercarse a mirar y entonces seguían andando, gente que caminaba como si no existiéramos y gente que silenciosamente se acercaba a leer los papelitos y después se retiraba callada … Pero la reacción que más me llamó la atención y que quiero traer a este escrito fue la de no pocas personas que se acercaban asegurando que nunca habían sido acosadas y que minutos más tarde, después de haber echado un ojo a los postits y de haber exclamado “no sabía que eso era acoso”, estaban vistiendo con papelitos amarillos a la silueta.

Personas que se habían acercado diciendo “nunca me han acosado”, poco tiempo después, estaban poniendo ante los ojos del mundo su experiencia de acoso. Habían identificado al menos una situación de violencia en su vida, de violencia que no habían considerado como tal. Apareció ante sus ojos algo que antes había sido invisible. 

Después de la intervención, las chicas de CLIT Colectivo (Grupo de estudiantes feministas del ITESO) nos reunimos para discutir lo sucedido. Fue triste darnos cuenta de que habíamos vivido demasiadas experiencias similares a las que estaban anónimamente plasmadas, nos dimos cuenta de que el problema del acoso en el ITESO y en Guadalajara (y en México y en el mundo) es muy grave. A continuación comparto algunas de las experiencias que se compartieron en la campaña:

  • Tuve un maestro (Rigoberto) de administración estratégica que sólo le ponía 10 a las niñas que iban en shorts.
  • En un concierto un hombre nos agarro las pompis a una amiga y a mi. Cuando le reclamamos dijo: “Pues no se pongan shorts en un concierto”.
  • Un profesor nos dijo que entre más corta la falda para el examen final, mejor.
  • El trato a las estudiantes que vienen al “Vive ITESO” sigue siendo un grave problema.
  • Me choca que cuando salgo a caminar en la calle me siento expuesta y potencialmente acosada, me han seguido un par de veces y no sé como reaccionar.
  • En el transporte público veo como algunos hombres se aprovechan de la situación y tocan a las mujeres y a veces hombres durante el viaje sin que nadie les diga nada.
  • En pollos ITESO, no una experiencia mía, pero es bastante incómodo saber que las mujeres son expuestas a esa clase de comentarios y juicios.

Se trata de un problema grave que vivimos todos los días, y lo peor es que no nos damos cuenta. Prueba de ello son las personas que afirmaban no haber presenciado nunca una situación de acoso. La violencia de género, y particularmente la que vivimos las mujeres, se ha convertido en algo normalizado, aunque eso no significa que sea una cosa que esté bien. Es muy común escuchar piropos o chiflidos en la calle, y se enseña a las mujeres a no respingar. ¿Cuántas películas hay con escenas de violación o de una mujer golpeada por su pareja? Es una situación que tenemos que detener, y para lograrlo, tenemos que darnos cuenta de que estamos nadando en una sociedad machista, y que nuestro sentido común está construido sobre ella, lo que dificulta la visibilización del problema, tenemos que volver evidente esta situación.

Ortega y Gaset (1934) habla de las ideas y de las creencias. Explica que hay dos tipos de ideas: las ocurrencias que pueden o no estar en nuestro pensamiento y las ideas que tenemos arraigadas en nuestra formación y en nuestra mente, y “precisamente porque son creencias radicalísimas, se confunden para nosotros con la realidad misma” (p. 1). Es la creencia el terreno sobre el que cultivamos nuestra mente, es “quien nos tiene y sostiene a nosotros” (p. 1) y es por eso que estas ideas están ahí incluso antes de que se nos ocurra pensarlas, es lo que damos por sentado y con lo que crecemos. Siendo así, la intervención que realicé con CLIT Colectivo, hace evidente cómo es que la creencia de que la violencia machista es algo inevitable y de que no se puede hacer nada al respecto, fundamenta la formación y educación de l@s habitantes de México, teniendo esto un impacto serio en muchos otros problemas que hay en el país.

Según propone Ortega y Gaset, el entorno en el que nos cultivamos y educamos determina nuestra existencia. Y yo, que nací en México, fui criada y estoy rodeada hoy por una cultura machista, por una cultura del acoso, en la que se acepta la violencia hacia las mujeres. Hoy, me doy cuenta de que la violencia es silenciosa porque la entendemos como normal y que no debemos de tolerar el chiflido fugaz que se escucha desde una camioneta que pasa, ni el chiste misógino que tal vez hace algún amigo en el bar, ni el comentario machista de algún profesor.  Fui educada en un mundo patriarcal y me resisto a perpetuar una cultura que no me conviene, ni a mí ni a ninguna de las mujeres que conformamos el 50% de la población. Como afirma mi ídola feminista Virginie Despentes: “Estoy furiosa contra una sociedad que me ha educado sin enseñarme nunca a golpear a un hombre si me abre las piernas a la fuerza” (Despentes, 2006, p. 21).

¿Podré algún día cambiar estas creencias que me han sido inculcadas desde que nací? ¿Podré deshacerme de esta idea que ha definido mi existencia?  Más difícil aún; ¿Podré algún día lograr que mi familia, mis amigas y amigos, mis compañer@s, maestr@s y vecin@s comprendan que debemos de rechazar los mecanismos de violencia de género?

Luis Villoro (S/F) explica la diferencia entre creencia y saber; una creencia implica aceptar un hecho como verdadero, tomarlo sin conflicto aunque no se esté segur@ de ello y no se tengan pruebas suficientes. La creencia es lo opuesto al saber. La diferencia radica en que el saber pertenece a la realidad y está justificado por pruebas suficientes que aseguran que no se trata de una casualidad o de una suposición.

Así, según Ortega y Gaset, todas las personas tenemos creencias que fundamentan nuestra existencia, y según Villoro, estas creencias no necesariamente son correctas, además de que potencialmente pueden convertirse en saberes si se comprueban y se justifican. Estas creencias no aparecen de la nada, sino que son aprendidas del entorno y son transmitidas generacionalmente. Mi compañera Alejandra Dávila dice al respecto: “Las ideas colectivas se transformaban en creencias, donde no precisamente se necesitaba o se generaba un conocimiento derivado, simplemente se quedaba en idea” (2016).

La intervención que realicé con CLIT Colectivo en la campaña “Libres para no acosar”, hace evidente que la violencia de género está presente incluso dentro de las paredes del ITESO, cosa que a veces no sospechamos, que es una violencia que se hace presente cuando cruzamos la calle, cuando tomamos notas en clase o cuando entramos a facebook, es una violencia que creemos que es normal y a la que estamos acostumbrad@s. Sin embargo, esta creencia de que la violencia de género es una cosa inevitable, es eso; una creencia y, como dice Villoro, las creencias no necesariamente coinciden con la realidad. Las feministas sabemos que esto causa afecciones físicas y psicológicas en quienes sufren esta violencia. Este es un saber que se puede justificar.

Pero, ¿Qué sucede cuando un grupo de mujeres trata de desmentir un sistema de creencias tan complejo, estructurado y antiguo? A lo largo de la historia de la humanidad podemos encontrarnos con grandes cambios de paradigmas, por ejemplo; antes popularmente se pensaba que la Tierra era plana, era parte de la creencia con la que crecieron las personas  de antes del siglo XV, sin embargo, cuando se demostró que la idea era equívoca, las personas se vieron obligadas a modificar su estructura cerebral y a eliminar un sistema de creencias y sustituirlo por uno diferente, situación que resulta bastante violenta.

Los cambios de paradigmas suelen ser agresivos para la mente, aunque esto no implique armas o guerra, evidenciar que las creencias sobre las que se fundamenta la identidad de las personas no son los más aptos para la sociedad, suele desestabilizar a quien vive el cambio. El feminismo es agresivo no porque implique violencia física o porque su objetivo sea agredir a alguien, sino porque rompe con las estructuras mentales que están tan firmemente construidas en nuestras cabezas. Para desmentir la premisa de que “la violencia de género es algo normal”, es necesario eliminar un sistema de creencias y sustituirlo por uno diferente, tal como sucedió cuando se demostró que la Tierra era redonda. Este proceso implica la deconstrucción y reconstrucción de la identidad de quienes se han criado dentro de un sistema machista, en este caso; la mayoría de l@s mexican@s. Lograr esto no es fácil e implica muchas veces crisis y hostilidad ante el movimiento feminista.

¿Qué pasa cuando las feministas intentamos explicar y demostrar que la creencia de que las mujeres somos débiles es falsa? ¿Qué pasa cuando demostramos que tenemos la capacidad de desempeñarnos exitosamente en lo laboral y que no nacemos con la vocación de limpiar casas?  ¿Qué pasa cuando dejamos de creer que “necesitamos a un hombre que se haga cargo de nosotras, que nos proteja y que nos mantenga”? ¿Qué pasa cuando rompemos paradigmas y nos demostramos dueñas de nuestro futuro y de nuestro cuerpo?

Todos estos, son saberes que se contraponen a las creencias que se cultivan en una sociedad machista como en la que he nacido. Existe un largo camino de feministas que se han dedicado a demostrar todas estas teorías, que han hecho estudios, que han demostrado que las mujeres recibimos violencia de género injustificada y la reacción del mundo es en muchas ocasiones agresiva y retadora.

Dice Ortega y Gaset: “No admitiremos en nosotros un pensamiento distinto ni opuesto a ese que nos parece evidente” (p. 3). El feminismo cuestiona incluso nuestras creencias más profundas y va en contra de una buena parte de lo que hemos aprendido; el feminismo nos incita a relacionarnos desde nuestra humanidad y no desde nuestro género, a transformar los roles de género para que dejen de ser limitantes, a rechazar la violencia que se recibe por el simple hecho de ser mujer o de ser hombre.

El autor afirma también que “Nuestra adhesión a un pensamiento dado es, repito, irremediable; pero, como está en nuestra mano pensarlo o no, esa adhesión tan irremediable, que se nos pondría como la más imperiosa realidad, se convierte en algo dependiente de nuestra voluntad”. (P.) Nunca me han gustado las teorías deterministas, pues me hacen sentir que no tengo el control de mi propia vida, y yo estoy firmemente convencida, de que mi vida la decido yo, mis creencias las decido yo. Tengo la capacidad de cuestionar lo que he aprendido y modificarlo a mi favor. Roberto Bautista, mi compañero, identifica algo similar: “me he percatado cómo todos estos conceptos se han ido modificando en cada una de las etapas que he vivido.” (2016).  También Alejandra Dávila sostiene: “Tener el conocimiento nos ayuda a romper con estos regímenes de verdad y poder evolucionar, pasar a la siguiente época, era, etapa. Tener conocimiento es romper la barrera de lo ya antes dicho y generar otras verdades, formas y objetos”. (2016)

Las creencias colectivas, definidas con otras palabras como “sentido común” (Geertz, 1996),  se transforman a lo largo de la historia individual y colectiva. Lo que sucede en la mente humana, nunca es estático, está en constante transformación, a lo largo de nuestra vida y de la historia, hemos adoptado unas ideas y desechado otras. De esto habla Pablo Fernández Christlieb (2002), cuando hace un recorrido histórico de la evolución de la forma de estructurar los conocimientos y de ordenar los objetos en el mundo. Habla de cómo la humanidad ha aprendido a formar categorías y a clasificar los objetos y conocimientos al tiempo que inventa y descubre nuevos. He leído cómo a mis compañeros les llamó especial atención que hace tal vez más de mil años, en plena Edad Media, solamente existía el color rojo. Nuestra mente tiene la capacidad de evolucionar a tal grado de pasar de percibir un solo color a la amplísima gama de tonalidades que podemos nombrar hoy en día.

La evidencia de que nuestra mente evoluciona y de que los paradigmas cambian, me hace pensar en que la utopía feminista es posible, que algún día dejará de haber mujeres golpeadas por sus maridos, trata de blancas o división sexual del trabajo y que ese día, podré felizmente salir a los espacios públicos sin escuchar comentarios acerca de mi físico. Se trata de una transformación complejísima de las estructuras sociales, de la identidad de las personas, de la forma de relacionarnos. Una transformación nada fácil, pues implica dejar morir aquello que no nos funciona más y hacer nacer nuevas costumbres y creencias que favorezcan más a los seres humanos sin importar el género. Implica también un trabajo en el que se incite a las personas a cuestionar las creencias que poseen y que se les invite a sustituirlas por saberes que aseguren su integridad. A esto se le llama también evolución y me siento orgullosa de ser consciente de este proceso y de tener la capacidad de orientarlo para mejorar la humanidad.

Fuentes.

Bautista, R. (2016) Creer, saber, conocer. Recuperado el 31 de Marzo, 2016 de:

http://estoescyc.blogspot.mx/2016/03/creer-saber-conocer.html

Dávila, M. (2016) Sobre psicología colectiva. Recuperado el 31 de Marzo, 2016 de:  http://blogcycdavila.blogspot.mx/2016/03/sobre-la-psicologia-colectiva.html

Fernández Christlieb, Pablo (2002) Psicología colectiva de las cosas y otros objetos. Psicología Social, Revista Internacional de Psicología Vol  1. No. 1 Pp. 9-20

Despentes, V. (2006) Teoría King Kong. Barcelona: Melusina.

Geertz, C. (1996) Conocimiento local. Paidós. Pp. 93-116

Ortega y Gaset, J. (1934) Ideas y creencias.

Villoro, Luis (S/F) Creer, saber conocer.

Un comentario sobre “DECONSTRUIR CREENCIAS

  1. ¿Qué pasa cuando ustedes se contraponen de forma tan determinante a la normalización de la violencia de género? Dan un golpe contundente a la realidad, a nuestra forma de pensarnos en ella, a replantear nuestras relaciones.
    Muchas gracias Mariana. Esto que has escrito ha sido tremendo.

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